San Valentín en tiempos de feminismo: el fin del amor romántico

El santo de los enamorados también ha caído en desuso y en tiempos de “hermandad sorora” el amor de flores y bombones suena ciertamente demodé.

San Valentín en tiempos de feminismo: el fin del amor romántico

Deconstruyendo a San Valentín

El 14 de febrero suele ser una fecha en la que nos acostumbramos a que año a año las redes sociales se inunden de mensajes y estética vinculados al amor romántico y la escena puramente mercantilizada del día de San Valentín.

Pero, ¿cómo se vive el amor en pareja una vez las mujeres copamos las plazas con pañuelos verdes y violetas?

Este 14 de febrero, en celebración de todas las formas posibles de amor que no están en línea con la idea de amor romántico, armamos una lista de cosas que deseamos más que cualquier fin de semana en un destino de ensueño; anillos de piedras preciosas o ramos de flores coloridas.

  • No queremos vivir bajo la mirada del “no estás depilada”, “tenés mala cara, ¿no te maquillaste?”, o el “estás un poco más gordita, ¿no?”.
  • No queremos ser las encargadas de poner el lavarropas, ni de buscar la media que se perdió; tampoco de sacar el sachet de leche vacío de la heladera, ni tener la obligación de reponer el papel higiénico.
  • No queremos llevar a los chicos a la escuela 4 de cada 5 días de la semana, ni restar horas de mi vida cada acto escolar, cumpleaños o Carnaval para hacer disfraces hasta la madrugada; tampoco ser las enfermeras, ni las cocineras de la familia.
  • Queremos las mismas oportunidades y facilidades para conseguir un trabajo, los mismos criterios cuando se nos contrata, el mismo sueldo si hacemos el mismo trabajo y los mismos requisitos para ascender.
  • Queremos que se entienda “no” cuando digo “no” y “sí” cuando digo “sí”, que no se presuponga, se adivine o se crea que decimos lo contrario de lo que verbalizamos; y que nuestras polleras, escotes, zapatos, o espaldas al descubierto no parezcan una habilitación a gritarnos por la calle lo bien que nos quedan.
  • Queremos que nos inviten, nos cedan el paso o nos abran la puerta por educación, pero no por la ya obsoleta idea de caballerosidad. Que dejen de asociarnos a colores como el rosa o a ideas sobre cómo tenemos que sentarnos, contestar, saludar o sonreír.

Queremos que dejen de preguntarnos para cuándo el novio, el casamiento o los hijos.

Por eso este San Valentín les propongo empezar a olvidar algunas grandes mentiras que llevan siglos metiéndonos en la cabeza: que el amor para siempre existe, que es casi una obligación para ser feliz; y que solo se obtiene con “tu media naranja”. Te propongo que este 14 de febrero empieces a practicar mirarme como una igual. Y dejá que los bombones me los compro yo.

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